Esta vez, voy a compartir un análisis que vengo realizando desde hace mucho tiempo.Eduardo Punset es un personaje curioso con el que se puede estar de acuerdo o no, pero lo que si hay que reconocerle es la habilidad de hacernos ver elementos comunes de nuestro día a día desde los más originales puntos de vista.
Quizá influenciado por alguno de sus textos, llevo un tiempo analizando el comportamiento humano desde el punto de vista de un biólogo.
Puede que lo que vaya a compartir con vosotros sea una obviedad y acabe pareciendo un ingénuo, porque en realidad lo soy.
Más que nunca, estoy convencido de que una gran parte de nuestras pautas de comportamiento tienen un origen instintivo, vamos que no son nada racionales.
Hace unos años, mientras reflexionaba con un profesional de la psiquiatría, me hizo un comentario que me causó curiosidad.
El cuerpo humano evoluciona, mediante la adaptación biológica,a una velocidad muchísimo menor que la velocidad a la que se expande nuestro conocimiento y nuestra mente. En mil años hemos pasado de las cruzadas en Jerusalem a conquistar el espacio y a hacer del planeta tierra una aldea global. Sin embargo, la reflexión que hacíamos es que sólo han transcurrido 40 generaciones entre aquellos hechos y los de ahora. Nuestras mentes viven en auténticos cuerpos pensados para la edad media... aunque algo evolucionados, pero no en la misma medida que nuestro conocimiento.
Si nuestros cuerpos evolucionan a ritmos tan diferentes respecto a nuestro pensamiento, existirá una relación similar entre el ritmo al que mutan nuestros instintos (que se transmiten de generación en generación) y nuestro pensamiento.
Alguno se habrá perdido ya. ¿por qué llega Julen a esa conclusión?
En primer lugar, tengo tiempo para pensar cuando voy en el coche cruzando la campiña Labortana, escuchando buena música y disfrutando del paisaje.
En segundo lugar, como ya os dije al inaugurar el blog, soy muy observador y analítico, y hay algunos detalles del día a día que no se me pasan.
Pienso por ejemplo en la similitud entre un período de crisis como el que estamos viviendo y una crisis por boom de roedores. Ambos fenómenos son cíclicos y responden a el estallido de algún tipo de burbuja. Alimentaria en el caso de los pequeños roedores, y de diferentes índoles en el caso de los humanos. Lo que es seguro es que tanto roedores como humanos seguiremos sufriendo períodos de crisis cíclicos, porque así viene ocurriendo desde hace cientos de miles de años.
Con el paso de los años, pero a una velocidad lenta, nosotros fuimos diversificando nuestras fuentes de alimentos, ya que esta es una de las principales causas de los ciclos vitales. Nos hicimos omnívoros. Cambiamos de estrategia, asumiendo la estrategia de especies tan bien consolidadas como los zorros, jabalíes, osos etc...
Otras especies prefirieron otras estrategias y migraron por diferentes lugares del mundo para paliar los efectos cíclicos de la ausencia de alimentos.
Nuestro comportamiento como sociedad en estos momentos de crisis obedece a un patrón de pánico instintivo, contagiándose a velocidades exponenciales una sensación que en muchos casos será exagerada... como en todos los ciclos, sin embargo, habrá una selección y persistirán los que mejor estrategia adopten ante las adversidades.
Esto es el motor de la EVOLUCIÓN. Estas crisis que sufrimos son el combustible de los cambios que, a velocidades muy lentas, se escriben en nuestra base genética... en nuestro disco duro interior.
Bueno, tratándose de un texto sobre el instinto animal, me parecía oportuno compartir con vosotros una de las imágenes más asombrosas que he tenido la suerte de realizar.
En este caso se trata de un Leopardo en Tanzania, preparándose para comenzar lo que sería una fructífera tarde de cacería... el instinto animal elevado a la enésima potencia!
Un saludo
Julen

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